Antes de diseñar ...
Viernes, 12 de Septiembre del 2003

Antes de diseñar ...

A menudo se encomiendan trabajos a diseñadores gráficos pero se les priva de una información que termina resultando elemental: El medio de reproducción y la cantidad.

En cuanto a los trabajos impresos, no es lo mismo diseñar para offset, flexografía ó sistemas digitales.


Está tan disociado el trabajo del diseñador con el del productor que irremediablemente termina jugando en contra del presupuesto del cliente. Por ejemplo: El cliente encomienda el diseño de sus tarjetas personales a su diseñador de confianza, éste toma el requerimiento que somete a un proceso creativo hasta que ambos acuerdan un original.


Pero allí no termina el trabajo, sino que estará concluido, una vez las tarjetas en mano del cliente.


Para explicarlo, seguiré desarrollando el ejemplo. El cliente encomienda al diseñador: “Que las tarjetas sean llamativas pero de aspecto corporativo”, “quiero transmitir con ellas seriedad y calidad”. Luego, con ánimo de ilustrar al diseñador respecto de lo que quiere, exhibe unas muestras de tarjetas que ha recibido de importantes corporaciones.


A partir de aquí, y desde mi punto de vista como diseñador e impresor, hay dos formas de abordar el proceso:


1) El diseñador, relevando las necesidades del cliente, consulta acerca de la cantidad de ejemplares para determinar el sistema de impresión idóneo. Lo que le permitirá diseñar dentro del marco técnico que éste le ofrezca.


2) El diseñador, sin ningún tipo de condicionamiento técnico echa mano a todos los recursos gráficos para hacer de la tarjeta una verdadera obra de arte: Tintas especiales, elementos al corte, laca UV sectorizada, fondo pleno de color compuesto, y vértices redondeados.


Pregunta: ¿Cuál de estos procedimientos sería el correcto?

Respuesta: Depende la cantidad.


A saber: Si el cliente necesita cincuenta mil tarjetas para reemplazar las actuales, incluir a nuevos miembros del equipo y prever un modelo genérico para el reparto en exposiciones; cualquier procedimiento será óptimo.


Ahora bien, si el cliente es un micro emprendedor que recién se inicia y necesita sólo cien tarjetas, habrá estado previsto únicamente en el procedimiento que describimos como 1).


¿Por qué? Porque una mayoría de sistemas de impresión industrial podrá ser óptimo para la preparación y producción de cincuenta mil tarjetas. Pues los costos de preparación devenidos de un diseño técnicamente “complejo” serán divididos en una cantidad de ejemplares capaz de amortizarlos. En cambio, una producción de cien tarjetas personales queda casi exclusivamente limitada a sistemas de impresión digital, que naturalmente no podrá entregar la calidad prevista por el diseñador en el ejemplo 2).


En definitiva: Como diseñador no deseo que mi trabajo finalice en un archivo digital librado a la suerte de un cliente en búsqueda de impresores que puedan materializar ese trabajo. Y como impresor no quiero poner en máquina ningún trabajo cuya calidad final desconozca y … “que salga lo que salga”.


En cualquier caso y siempre: Quiero entregar un trabajo que cumpla con mis propios requisitos de calidad artística y técnica y que satisfaga las necesidades del cliente.


Antes de diseñar … informate.