La imprenta y las "Cantidades mínimas" ...
Existe un mito en torno de la cantidad
de impresos que un cliente necesita y la cantidad que la imprenta está
dispuesta a producir. Una vez escuché: “Si cuantas más unidades encargo más
económico sale, pues entonces hágame tanta cantidad hasta que no me salga
nada”.
Gracioso pero real. Y nace del sentido común de un simple cliente, como tantos otros.
¿Cómo es el tema de las cantidades de ejemplares y las imprentas? La respuesta es que no hay misterio en este asunto sino una gran cuota de desinformación.
Es cierto, usted puede bajar el costo por
unidad impresa cuantos más ejemplares ordene ya que el costo de preparación
existe e impactará dramáticamente a menor cantidad de ejemplares y viceversa.
Ejemplo práctico: Si preparar una impresora para producir tarjetas personales tiene
un costo de $ 100.-, un tiraje de mil tarjetas logrará un costo por ejemplar de
$ 0,10.-
Pero si el costo fuera divisible en cien tarjetas, cada una de éstas costará $ 1.-
Es importante saber que cada imprenta
tiene su perfil técnico, tamaño y especialidad. Por lo que no todas son idóneas
para cierto tipo de trabajo. Es decir: Si uno se dirige a un gran
establecimiento gráfico y solicita mil volantes para la promoción de su
comercio mientras este sitio tiene en máquina unas doscientas mil revistas a
todo color para una cadena de supermercados, ¿qué le dirá el vendedor? ...
Siempre hay tres respuestas para este
caso:
1) “Disculpe, en efecto somos una
imprenta pero no realizamos ese tipo de trabajo”.
2) “De acuerdo, pero la cantidad mínima
de volantes es de doscientos mil”.
3) “De acuerdo, el costo de cada volante
es de mil pesos”.
La primera respuesta es la que a mi
juicio resulta correcta. Uno desde el lado del productor, puede incluso agregar
una breve explicación del por qué “no realizamos este tipo de trabajo”, más
podemos conectar al cliente con alguien que esté en condiciones de hacerlo.
Perdemos unos pocos minutos pero hacemos tres acciones de bien:
1) Hacemos infinitamente más sencillo el
proceso de compra de alguien más.
2) Informamos. Pasamos conocimiento de
nuestra actividad a potenciales consumidores.
3) Damos trabajo a alguien más cuando sugerimos un colega especialista en determinado trabajo.
Entre tanto, es necesario romper con este viejo mito de cantidades y palabras como “películas”, “originales”, “clisés”, o cualquier otro término que mencionamos y que jamás deberían haber salido de los talleres gráficos.
Es vital saber que las tecnologías gráficas están en constante desarrollo impulsadas por las nuevas necesidades. Entre otras, la posibilidad de brindarle cien tarjetas a quien necesita sólo cien, y no diez mil. Ello en 24 horas y sin necesidad de grandes inversiones en matricería.
Hoy día la imprenta está a la calle, es un mostrador con personas capacitadas para atender y asesorar a simples consumidores sin necesidad de que éstos deban ser expertos en la materia.
Afortunadamente.